“Y yo para concluir les diré que si quieren soluciones acudan a la tienda de enfrente, porque en la mía no se vende semejante artículo. Mi empeño ha sido, es y será que los que me lean piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darle pensamientos hechos. Yo he buscado siempre agitar, y a lo sumo, sugerir más que instruir. Si yo vendo pan, no es pan, sino levadura o fermento.”
Por ello, creo que no estaría de más que le dedicásemos un poco de tiempo esta semana a pensar sobre la inmigración. Traigo este tema por su actualidad, porque hace sólo 5 días que sucedió la «Tragedia de Lampedusa», hecho que parece hablar por sí mismo, o más bien gritarnos reclamando atención. Lo pasado en Lampedusa no habla sólo de un número de personas detenidas, fallecidas o desaparecidas. Me interesa sobre todo pensar cómo es posible que a los más de 200 fallecidos se les conceda la nacionalidad europea y se les dé entierro en suelo italiano, mientras que los supervivientes se convierten en delincuentes y se les expulse.
Visto lo visto, ¿Qué podemos decir de todo esto? ¿Es un caso más de hipocresía por parte de los políticos? La inmigración no se puede parar construyendo vallas o poniendo multas, y efectivamente así ocurre. El flujo de inmigrantes que llegan a suelo europeo no se detiene, agrandando así las reservas de trabajadores precarios y beneficiando a los de siempre. Entonces, ¿Por qué dejan que se mueran unos pocos?
Escrito por Álvaro y editado por Akalib
Nota de redactor: La historia se repite, días después de la tragedia de Lampedusa mueren cincuenta personas más, entre ellas diez niños, intentando llegar a las costas españolas.
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