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jueves, 17 de octubre de 2013

La Muerte

La muerte...El final...Cuando estas dos palabras se agolpan en nuestra mente se nos produce un sentimiento de miedo, que nace desde lo más remoto de nuestro ser. Pero, aunque mucha gente no lo diga, el miedo a lo que pasará tras nuestro último halo de vida sucumbe al corazón de todo aquel que se haya parado a pensar en ello con detenimiento. Nunca sabes cuando será, cuando la espada de Damocles caerá sobre el fino hilo que separa el insistente latido de tu corazón de la incertidumbre sobre lo que sucederá cuando este último haya pasado. Porque la muerte siempre ha existido, y siempre acompañará a cualquier ser viviente. Algunos prometen vida eterna en el más allá, otros una reencarnación en algo, dependiendo de tus acciones realizadas en la vida que viviste antes: Un escarabajo, una brizna de hierba, una lágrima... Pero a pesar de lo que prometen, nadie se centra en ese preciso instante en el que la vida toca a su fin, sino que intentan buscar la solución a algo que es imposible solucionar. Todos los recuerdos, las pasiones, las lágrimas, las sonrisas...se perderán para siempre tras el último suspiro, aunque siempre serán recordadas por aquellos con los que compartisteis esos momentos. Ese " te quiero" que nunca dijiste, ese beso que nunca te atreviste a dar, esa despedida truncada que ya no se producirá... Son dolores que van agravando el alma durante la vida y que solo una potente morfina como es la muerte logrará calmar para siempre.
Pero, por ahora, estamos vivos. Y es ahora cuando debemos decir ese ansiado "te quiero", cuando debemos besar a la persona amada y a la no amada. Ahora es cuando se nos plantea esa cuestión tan enrevesada de cómo debo vivir. Ahora es cuando ese tren está pasando, y ahora es cuando hemos de cogerlo. Epicuro dijo: " La muerte no nos concierne. Pues mientras existimos, la muerte no está presente. Y cuando nos sobreviene la muerte, nosotros ya no existimos"


Carlos Masia

martes, 15 de octubre de 2013

¿DESTINO?

No pretendo parecer existencialista (aunque utilizaré ciertos términos propios de esta tendencia), ni pretendo, al menos directamente, hablar de libertad. Tampoco convenceros, lectores, de que el destino no existe, sólo expresar mi opinión al respecto.

El controvertido término “destino” esconde, en lo más hondo, un miedo, una excusa, es sólo algo a lo que aferrarte cuando lo que quieres es negar que tú tienes las riendas de tu vida.  Creer en el destino no es más que una escapatoria. El hecho de achacar ciertas cosas a una predeterminación, es una salida para no aceptar que todo lo que nos ocurre es de manera directa o indirecta consecuencia de nuestros actos. Todo pasa por algo. Nada está por encima del ser humano, ninguna divinidad que nos dé las pautas de nuestra vida.

Aunque aparezca aquí el concepto de situación, y sí que haya ciertos momentos en los que no podemos actuar como queremos porque las circunstancias nos son de alguna manera impuestas (a esto me refería con “de manera indirecta”) por actos ajenos que nos repercuten (¿es esto a lo que llamamos casualidad?), al fin y al cabo siempre es decisión nuestra. No se nos impone nada ni antes de nacer, ni durante la vida; no hay ningún fin escrito, todo son resultas.

El mundo no nos depara nada, somos nosotros mismos los que vamos a por él, a buscar experiencias, y no se debe atribuir una consecuencia, ni buena ni mala, a algo que sea exterior a nosotros. Cada uno hace su vida, y es triste pensar que no es así, pues si la controlan desde el exterior ¿qué pintamos nosotros?

Debemos concienciarnos de que tenemos que llevar las riendas, no dejarnos arrastrar. Al fin y al cabo, lo único que está inevitablemente fuera de nuestro alcance, es la muerte.





Irene Abarca.

sábado, 12 de octubre de 2013

Lampedusa

Hay días en los que me levanto con un ánimo filosófico diferente. Días en que no me apetece defender mis ideas, sino provocar la reflexión en otros. Entonces, me acuerdo del viejo Sócrates dialogando por las calles de Atenas con cualquiera que quisiera escucharle, y resuenan en mi cabeza las palabras de Unamuno:
“Y yo para concluir les diré que si quieren soluciones acudan a la tienda de enfrente, porque en la mía no se vende semejante artículo. Mi empeño ha sido, es y será que los que me lean piensen y mediten en las cosas fundamentales, y no ha sido nunca el de darle pensamientos hechos. Yo he buscado siempre agitar, y a lo sumo, sugerir más que instruir. Si yo vendo pan, no es pan, sino levadura o fermento.”
Por ello, creo que no estaría de más que le dedicásemos un poco de tiempo esta semana a pensar sobre la inmigración. Traigo este tema por su actualidad, porque hace sólo 5 días que sucedió la «Tragedia de Lampedusa», hecho que parece hablar por sí mismo, o más bien gritarnos reclamando atención. Lo pasado en Lampedusa no habla sólo de un número de personas detenidas, fallecidas o desaparecidas. Me interesa sobre todo pensar cómo es posible que a los más de 200 fallecidos se les conceda la nacionalidad europea y se les dé entierro en suelo italiano, mientras que los supervivientes se convierten en delincuentes y se les expulse. 

Visto lo visto, ¿Qué podemos decir de todo esto? ¿Es un caso más de hipocresía por parte de los políticos? La inmigración no se puede parar construyendo vallas o poniendo multas, y efectivamente así ocurre. El flujo de inmigrantes que llegan a suelo europeo no se detiene, agrandando así las reservas de trabajadores precarios y beneficiando a los de siempre. Entonces, ¿Por qué dejan que se mueran unos pocos?


Escrito por Álvaro y editado por  Akalib


Nota de redactor: La historia se repite, días después de la tragedia de Lampedusa mueren cincuenta personas más, entre ellas diez niños, intentando llegar a las costas españolas.

jueves, 10 de octubre de 2013

Libertad

Una paloma muerta.
Hace unos días, andando, mis ojos se tropezaron con lo que parecía ser un animal en descomposición, muerto y olvidado en una esquina. Al acercarme, pude ver que se trataba de una paloma. Posiblemente, volando entre los edificios, estampó contra algún cristal, o quizás un árbol, y pereció. Siempre relacionamos el concepto de "volar" con la libertad. Es decir, se puede entender que la paloma estaba volando en libertad, hasta que pereció. Pero, ¿es necesario que la libertad se encuentre en la realidad, en la vida?
Quizá la fortuita muerte de la paloma la liberó.
Quizá la libertad resida en la muerte.
La mayoría de humanos, queramos o no, estamos dentro del sistema. Aún considerando que para ser completamente libre primeramente se tiene que liberar la mente, independientemente del entorno social que nos envuelve, siempre vamos a estar en contacto con el sistema ya que quizá físicamente no podemos liberarnos: eso implica una "no-liberación" en ciertos aspectos de la vida.
No invito a pensar que exista un "post-mundo" libre, una vida después de ésta. El sólo hecho de morir ya es un acto de liberación, puesto que te desprendes de la vida y, por lo tanto, de todo aquello que te pueda oprimir (la "no-liberalización" de los aspectos físicos de la vida, ya que una liberación mental sí podría ser posible).
Sinceramente, muchos de nosotros hemos pensado en el suicidio. Pero no como algo malo, sino más bien como un desprendimiento de la opresión. Aunque me empeñe en buscar otras alternativas para ser completamente libre, cabe destacar una consecuencia directa del suicidio: la mejora de la Tierra. Son muchos los pensadores contemporáneos que han hablado sobre un suicidio colectivo. Aunque esta salida no sea viable por muchas razones, debemos pensar en cómo mejoraría el mundo para las demás especies.
Pero esto no es de lo que yo quería hablar, al menos no por ahora. Mi única intención al escribir esto era haceros pensar, queridos lectores, sobre la muerte y su relación con la libertad, si es que la hay.
Quizá nuestra paloma ahora vuele más alto, más libre.






Con cariño, Mar 



Vola iaia, vola ben alt.