No pretendo parecer existencialista (aunque
utilizaré ciertos términos propios de esta tendencia), ni pretendo, al menos
directamente, hablar de libertad. Tampoco convenceros, lectores, de que el
destino no existe, sólo expresar mi opinión al respecto.
El controvertido término “destino” esconde, en
lo más hondo, un miedo, una excusa, es sólo algo a lo que aferrarte cuando lo
que quieres es negar que tú tienes las riendas de tu vida. Creer en el destino no es más que una escapatoria.
El hecho de achacar ciertas cosas a una predeterminación, es una salida para no
aceptar que todo lo que nos ocurre es de manera directa o indirecta
consecuencia de nuestros actos. Todo pasa por algo. Nada está por encima del
ser humano, ninguna divinidad que nos dé las pautas de nuestra vida.
Aunque aparezca aquí el concepto de situación,
y sí que haya ciertos momentos en los que no podemos actuar como queremos
porque las circunstancias nos son de alguna manera impuestas (a esto me refería
con “de manera indirecta”) por actos ajenos que nos repercuten (¿es esto a lo
que llamamos casualidad?), al fin y al cabo siempre es decisión nuestra. No se nos
impone nada ni antes de nacer, ni durante la vida; no hay ningún fin escrito,
todo son resultas.
El mundo no nos depara nada, somos nosotros
mismos los que vamos a por él, a buscar experiencias, y no se debe atribuir una
consecuencia, ni buena ni mala, a algo que sea exterior a nosotros. Cada uno
hace su vida, y es triste pensar que no es así, pues si la controlan desde el exterior
¿qué pintamos nosotros?
Debemos concienciarnos de que tenemos que
llevar las riendas, no dejarnos arrastrar. Al fin y al cabo, lo único que está
inevitablemente fuera de nuestro alcance, es la muerte.
Irene Abarca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario